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martes, 16 de junio de 2015

La gorgona de mi ventana. 3era. parte



La primera semana de mi estancia me recluí en mi casa y no me atrevía a salir de ella, ni siquiera cuando veía a la viejita Euríale caminando rumbo al laberinto del jardín. Durante el día no se escuchaba casi nada, de vez en cuando, entre silencio y silencio de las canciones de la radio se oía un cascabel que sonaba oculto entre el monte que empezaba a crecer; sabía que debía recortarlo, mantenerlo muy bajito para que no pudiesen esconderse los odiosos reptiles; en mi creciente y generalizado estado de miedo, nunca me di cuenta que no había visto ni una sola culebra, de ningún tamaño o color, pero yo las veía en mi mente, desplazándose pegadas a la pared, intentando entrar; de noche, a pesar de la música el ruido se volvía insoportable, cuando la oscuridad se apoderaba de las afueras de la casa venía plagada de cientos, miles de serpientes, verdes, amarillas, blancas, negras, manchadas, con cascabeles, grandes y pequeñas, que se movían en la periferia de mis ojos, al borde de la claridad que alcanzaban a percibir mis retinas.

Una mañana de miércoles, creo que ya tendría unos quince días en la casa, decidí salir hasta la ciudad, entré en la primera ferretería que vi y compré una enorme dotación de bombillos. El domingo anterior me había percatado de los postes que rodeaban todo el perímetro de la propiedad, ninguno tenía su bujía, así que me sentí aliviado al poder solucionar el problema de la oscuridad. Llegué de tarde, no esperé a entrar en la casa, me fui con mis bolsas aprovisionando cada lámpara con su reflector (no me arriesgué con simples bombillas de luz débil y amarilla), esa misma noche comprobé que cada una de ellas funcionaba. Mi tranquilidad no duró mucho, a pesar de las potentes luces continuaba escuchando los siseos y cascabeles, no con tanta intensidad ni tan seguidos, pero estaban allí, sonando fuera del alcance de mi vista.

Apagué las luces internas y me fui a dormir, pensando en la necesidad imperante de comprar uno o dos aparatos de aire, las ventanas cerradas a cal y canto volvían la estancia dentro de la casa en una locura infernal; había momentos en que desvariaba, para soportar el calor me mantenía desnudo, sólo usaba unas botas de trabajo de caña alta que me llegaban hasta las rodillas, corría cada tres o cuatro veces a la ducha para refrescarme de aquel calor espantoso; incluso sentir las gotas de sudor recorriéndome la espalda me generaba escalofríos, no podía evitar relacionarlas con los cuerpos de serpientes deslizándose por el suelo.

Saliendo de una refrescante ducha que había ayudado a calmar mis ansiedades, me asomé a la ventana de la sala y la abrí de par en par, desde mi posición podía maniobrar rápidamente para cerrar los vidrios en caso de que algún maldito animal decidiera acercarse; no me preocupó encontrarme desnudo, las botas me proporcionaban cierta seguridad porque dentro de mi demencia estaba claro en que mis puntos débiles eran los pies, los tobillos y las pantorrillas. Vi a la mujer saliendo desde mi derecha, caminaba despacio y llevaba un vestido vaporoso de color amarillo y blanco, caminaba con suavidad pero firme, y llevaba un pañuelo anudado en la cabeza que ocultaba su cabello. Desde mi perspectiva me pareció más joven que otras veces, aunque me admití que no la había detallado más, antes y tampoco recordaba haberlo hecho en mi primer terrible día; era tanta mi concentración que no sentí ni un ápice de vergüenza por estar expuesto de semejante manera, antes bien, me preocupó su seguridad, no alcanzaba a ver sus pies, la hierba alta no me permitía divisarlos debajo del ondulante movimiento de su falda; nunca se giró a verme, caminó siempre derecho al laberinto, se perdió de mi vista en cuestión de unos segundos.

Los minutos pasaron despacio, la claridad del sol fue menguando y mientras tanto aumentaba mi preocupación; de nuestro primer y bochornoso encuentro recordaba a una mujer mayor, así que me sentí muy agitado pensando que oscurecía y que aquella anciana se encontraba paseando en mi jardín; si una serpiente la picaba iba a morir sola, sin poder pedir ayuda, porque a mí me paralizaba el miedo a unos reptiles que no había visto. Cuando por fin se hizo de noche no cabía en mí de tantos nervios, el frío nocturno entraba por la ventana, y las lámparas de mi terreno me mostraban un campo verde y explanado con montículos, aquí y allá, de flores; también podía distinguir con cierta claridad las esculturas de piedra que franqueaban el camino hasta la entrada del laberinto.

Con la luz que les llegaba de diversas direcciones, las estatuas de piedra dibujaban sombras extrañas, la oscuridad en algunas zonas de sus facciones les otorgó un aire siniestro y aterrador; así que cerré la ventana, me di una nueva ducha y me enclaustré en mi cuarto a descansar.

El exiguo aire del ventilador refrescaba mi piel mojada, para combatir aquel asfixiante calor de la casa apagué todas las luces sintiéndome seguro por la claridad de las bombillas externas; fui cayendo en un sopor agradable, me dejé ir al sueño fácilmente porque llevaba noches enteras descansando poco o nada, tenía la esperanza de que una noche de reparación podría sacarme de ese estado interno y frenético en el que había caído desde mi llegada; en las brumas del ensueño pensé que tal vez mi problema se debía al terrible golpe en la cabeza, que no había sido únicamente un chichón, posiblemente había desencadenado alguna alucinación auditiva por el impacto que había dañado mi cerebro, todo era posible, ¡Todo!

En mitad de la noche escuché los cascabeles cerca de mi ventana, cuando abrí los ojos vi una horrorosa sombra que se proyectaba, desde afuera, en mi pared blanca; al principio pensé que sólo era la confusión en mi mente dormida, que no alcanzaba a discernir las formas lógicas escondidas detrás de aquella mancha negra, pero inmediatamente caí en cuenta de que no existía nada fuera de mi ventana que proyectara dicha sombra. Me espabilé presa de los más espantosos presagios, sólo podían ser dos cosas: o me había vuelto definitivamente loco por aquel golpe, o en verdad había una cosa monstruosa fuera de la casa.

No pude moverme de la cama, vi cómo la sombra cambiaba de tamaño, a veces parecía hacerse grande en mi pared, abarcando toda su dimensión, luego se empequeñecía hasta adquirir el tamaño de una persona; su cabeza parecía deforme, como si decenas de tentáculos salieran de ella en todas direcciones, cuando se alejaba la sombra crecía y casi sentía que esas protuberancias temblorosas iban a alcanzarme a través de la oscuridad. Repentinamente mi cuarto se llenó de los sonido siseantes de las serpientes, seguidos por el continuo maraqueo familiar de los cascabeles, entonces la comprensión vino a mí como una ola de agua helada que entumeció todo mi cuerpo, aquellas cosas que yo había tomado por tentáculos eran de hechos serpientes, fuera de mi casa había una persona con una cabellera de serpientes, un ente bífido que me acechaba por las noches, esa cosa se acercaba al borde de la casa y dejaba escapar todos sus sonidos incesantes que me estaban torturando, todas las imagines horrorosas que una imaginación trastornada, como estaba la mía, me inundaron en un segundo y casi me asfixié con el grito que no alcanzaba a salir de mi garganta.
Aquella noche aciaga me arrinconé en una esquina, aferré la delgada manta de mi cama y me arropé con ella como si fuera un escudo protector, cuando amaneció yo continuaba temblando como si el mismo frío se hubiese adueñado de mis entrañas, trataba de buscar en mi memoria cómo se llamaba ese monstruo mitológico que había aparecido en mi jardín.


Entonces recordé las viejas lecturas de la escuela, y el nombre vino a mí con estupor: Medusa.





viernes, 12 de junio de 2015

Del oficio de escribir: Consejos para el escritor.

Cuando una persona se decide a escribir “profesionalmente”, se aboca a buscar por internet los “diez consejos que todo escritor debe seguir” o “técnicas que te ayudarán a ser mejor escritor” y cualquier entrada de blog, artículo de pagina web, libro o curso para escribir.

Está muy bien documentarse sobre todo eso, pero hay que hablar claro y decir que estos no son biblias ni manuales para escribir, aquellos que nos dedicamos a esto llegamos a la conclusión, bastante sencilla, de que el proceso es distinto para cada individuo; puede ir desde: “escribe todo lo que se te ocurra” hasta “pararte de cabeza para que la sangre fluya y aparezcan las ideas”.

La mayor parte de escribir se compone de dos procesos, el creativo ―donde se gesta y nace la historia― y el productor ―que es sentarse y escribir―. Conversando hace unos días con una amiga, profesora de la Universidad de Oriente de Venezuela, comentaba que en uno de sus talleres de escritura la primera pregunta que hacía era: ¿Con qué se escribe?, lo cierto es que inmediatamente pensamos que con las manos o con la mente, pero su respuesta, aparte de jocosa, fue exacta y precisa: se escribe con las nalgas.

Muchos se preguntarán qué significa, y no es más que el hecho de que el primer consejo para el escritor es: siéntate a escribir.

Podemos encontrar desde conceptos específicos hasta subjetivos sobre cómo escribir, algunos funcionan, otros no; lo importante es sentarse con la mentalidad fija en la meta; uno puede proponerse metas razonables: una página por día, tres, cinco, quince; también puede ir por capítulos si se dedica a la narrativa, pero lo importante es escribir. Hay que tomar en cuenta que uno debe ser honesto, hay cierto respeto que se genera cuando uno dice: “soy escritor” inmediatamente la gente reacciona con un “¡¡oooh!!” mental porque la asociación más lógica es: si escribe debe ser muy inteligente. Lo siento chicos, pero escribir libros no te hace inteligente.

El siguiente consejo es uno muy simple que no todos enumeran en sus diez pasos, y es uno que de tan fácil pasa inadvertido: Busca tu propio ritmo.

Hoy en día hay una competencia entre escritores, es algo así como quién publica más libros, solo que la ecuación: +libros=+ventas=mejor calidad no es verdad. Ni siquiera los prodigios de la literatura pueden o sacan libros en un mes, porque el proceso detrás de escribir es más que una idea que se te ocurre mientras te tomas un café, o te duchas, o caminas por la calle. La mayoría (nótese que dije: LA MAYORÍA) de los escritores que publican un libro cada mes, que es de su propia autoría evidentemente, no varían la formula de escritura; es decir, el último libro es igual al anterior, y al anterior, y al anterior, y así sucesivamente hasta llegar a ese primer libro publicado; y no crean que todos los lectores son buenos, la literatura basura existe por algo, es la clase de literatura que evita que pienses, que hagas conexiones mentales, que no posee intrigas, ni suspenso y que te obsequia unas horas de liberación mental; desde mi punto de vista como lectora es la clase de libros que siento que insultan mi inteligencia, pero que de vez en cuando leo porque a veces se necesita una dosis de eso, es como la persona que se alimenta sanamente pero cada seis meses se da un atracón de comida chatarra. Lo importante acá (disculpen el desvío del tema) es que no necesitas entrar a esa carrera, por lo menos no si no quieres ser un escritor más del montón; no debes preocuparte porque tu libro te tome seis meses o un año escribirlo, recuerda que el libro es un aprendizaje para el escritor, cada libro nuevo es una enseñanza lograda, absorbida y aplicada en el siguiente trabajo. Además, los buenos libros son como los vinos, hay que dejar que se maduren.

El siguiente consejo es otro de esos que de tan obvios, da como vergüenza señalarlo: Consigue tu ambiente ideal.

Escribir es un proceso de desconexión del mundo en el que vive el escritor, dicha desconexión se hace para conectarse con la realidad que está creando, eso implica que puedes pelear con tus personajes, erigir o destruir la ciudad o entorno donde todo se está desarrollando, inclusive es para delinear los puntos de la historia. Cada quién tiene un proceso, algunos necesitan música que aísle el sonido externo, otros ―como en mi caso― necesitan silencio; unos puede que necesiten soledad, otros necesitan un mínimo de orden en su entorno, tener a la mano una bebida caliente, o un libro cualquiera que te ayude en las pausas, dulces o comida, o lo que sea que necesites que te ayude a escribir; hay que estar claro que las distracciones no cuentan, el juego de solitario de la computadora ,que distrae, no es parte del proceso, lo es si estás escribiendo y en uno de esos trancones creativos, producto del engolosinamiento de la historia, necesitas tener un respiro, esa pausa en la que tu concentración se ha fijado en una actividad repetitiva puede ayudar a que las ideas fluyan de nuevo, pero solo así, si evitan que puedas escribir, es que no te sentaste a escribir y entonces te remito al primer consejo de esta entrada.

El siguiente consejo es más una sugerencia, no es algo para tomar literalmente, sino es una guía que le permite al escritor practicar: Plagia.

No significa que el escritor deba agarrar el poema “El Cuervo” de Edgar Allan Poe y lo parafraseé y lo firme como suyo propio. No. El plagio en este caso es un proceso didáctico, en el que puedes tomar una historia conocida y narrarla desde tu punto de vista, o tomar un punto no desarrollado en un cuento o novela y desarrollar tu propio relato; esto te permite no crear desde cero, pero si entrenar a la mente para que pueda hacerlo, la creatividad no es un golpe de inspiración, detrás de cada libro hay un proceso creativo estudiado, donde el autor hace caminos “ocultos” que permiten darle sentido lógico a la trama; si no logras hacer tu propia historia desde cero, hacer esto suelta la mano y las ideas, es como sacar la basura que obstruye nuestra mente.

Una versión del mismo consejo es: escribe todo aunque sea malo, sacar ideas estancadas, viejas o que parecen fantásticas pero que no encuentras cómo desarrollar, permite que las buenas ideas lleguen.

Creo que el  último consejo es muy importante: Revisa que lo que estás escribiendo no se haya escrito “demasiado”.

Hasta el lector más flojo y menos experimentado hace comparaciones, y las comparaciones son odiosas a menos de que sean positivas, y por positivas es que te comparen con los grandes.

¿Qué hace una novela que tiene la misma trama que cincuenta o cien anteriores a ella? Ser una más del montón. La innovación es súper importante, es lo que te permitirá sobresalir en un mundo tan competitivo, como lo es ahora, la literatura. Y por qué es tan competitivo, porque ahora cualquiera ―sí, cualquier pendejx― puede “escribir” y publicar un libro. Hay que estar conscientes y tener la humildad de aceptar que con las nuevas plataformas de autopublicación, la élite de escritores dejo de serlo, hace unos diez años, tal vez quince, ser escritor era una cuestión de mérito; ahora es una cuestión de seguidores y consumo, y el consumismo actual nos dice que uno de los género que más se lee (en español por lo menos) es el romance, ¿Cuántas novelas de romance pueden considerarse originales? Podrán ser de vampiros, podrán ser rosas, podrán incluso meterle un toque de horror o paranormal, pero siempre es la misma línea: heroína dolida, héroe rescatándola, malo entrometiéndose, normalmente algún ex, amor superando los obstáculos, fin. Pongo el ejemplo de este género solo por la cantidad creciente de escritores que se lanzan con una historia romántica, cualquier sub género adicional ya ha sido o está siendo explotado, lo que conlleva a que sea muchísimo más sencillo que las historias se repitan, por ende se convierte en una tarea titánica crear una historia original. Evidentemente todo género tiene su línea lógica de desarrollo, por ejemplo el horror es algo así: protagonista atormentado, entidad malvada que lo acosa, lucha entre ambos y… es aquí donde quedan abiertas las posibilidades del autor, es decir, puede ser malvadx y no darle un final esperanzador, puede simplemente ganar el malo, o puedo hacer que el bueno gane a costa del sacrificio de su propia vida, o incluso el bueno puede quedar tan trastornado que se convierte en malo.

Para cerrar la entrada solo tengo una cosa que decir, los pasos técnicos de corregir, engavetar, volver a corregir, portada y todo eso, vienen después. Un ejercicio que todo escritor que comienza debe hacer es no soñar… demasiado, es el típico: no contar los pollos antes de nacer; no puedes pensar en cuántas editoriales meterás el manuscrito, ni en qué plataforma te conviene más subirla, ni cuántas ventas tendrá el libro, porque en ese momento NO HAY LIBRO. Hasta que no se pone “fin” en la obra, no está terminado; puedes empezar a fantasear abiertamente con todo lo anterior en el momento en que hayas ―como mínimo― hecho dos correcciones, una tuya y una de un tercero. Es entonces cuando entran también los pasos de escuchar las opiniones y todo lo demás, antes de eso, es solo una distracción que puede desviarte de tu meta original, que es: escribir.

Si un aspirante a escritor piensa que el proceso es tan directo como una operación matemática, se equivoca; a algunos pueden servirle las formulas que muchos publican porque a ellos les sirvieron, pero no son exactas y tampoco aplican a todo el mundo. El arte de escribir ―porque eso es: un arte― es un proceso subjetivo, con muchas variables, con las eventualidades de las sequías creativas, con el hambre obligatoria que te lleva a leer y releer obras nuevas y ya leídas, es todo un estado mental, e incluso físico, necesario. Hay gente que necesita despojarse de todo para escribir, no solo de sus tabúes, hasta de su ropa.


Espero que puedan servirte mis consejos, un gran abrazo a todos.

lunes, 8 de junio de 2015

Del oficio de escribir: ¿Cómo escribir narrativa?

Cuando un escritor decide escribir es porque tiene una historia que contar; cada género conlleva un grado de dificultad y por ende el autor debe poseer una determinada cantidad de conocimiento mínimo para poder llevar a cabo todo el proceso.

En narrativa, sean cuentos, relatos, novelas; el cuerpo de la historia se compone de tres partes básicas: inicio, nudo y fin. Muchos escritores dicen que mientras uno tenga el principio y el final, todo lo demás es relleno; algo extremadamente ridículo y que solo denota el ego de sapo que tiene dicho autor ¿De qué te sirve un magnifico final y un hechizante comienzo, si el desarrollo es plano y aburrido? Ningún lector terminará esa obra a menos de que se vea obligado a ello.

El nudo o desarrollo debe poseer todo lo necesario para atrapar al lector, el arte de escribir narrativa se caracteriza por la habilidad que tiene el autor para generar deseo y pasión por la historia que muestra. No es que no se puede o no se deba escribir capítulos sosos, evidentemente sí, en este arte, el escritor debe hacer un uso magistral de su capacidad para poder darle respiro al lector, es como un prestidigitador, que entre acto y acto de cortar a su ayudante en dos o prenderse fuego a sí mismo, aparece y desaparece una paloma en un sombrero, echa agua en un vaso de papel que al girarlo se encuentra vacío o convierte una hoja de papel en una rosa; del mismo modo, entre un capítulo intenso y otro, se deben introducir remansos en el que se le dejan pistas al lector para que vaya descubriendo los misterios que se han ocultado entre las líneas. Un escritor de narrativa debe comprender que hay que tratar al lector con respeto, aceptar que incluso la trama más enrevesada no debe ser explicada completamente como si quienes leyeran fuesen tontos incapaces de percibir y seguir todas las líneas. Explicar todo no sirve, tanto como no funciona dejar demasiados cabos sueltos.

Posteriormente, mientras el escritor va desarrollando el nudo o los nudos, podrá encontrarse con que el final pensado no es apropiado, el proceso de escribir debe ser muy flexible, porque a medida que la historia toma forma puede darse cuenta que todo el proceso le llevó a otro lado, lo que hace imposible que ese final tan bien pensado no funcione. Es en ese instante en el que el autor descubre qué tan ególatra es, también es ese momento en el que descubre que la historia es la que manda y no él. Algunos se enfrascarán en seguir alargando todo hasta llegar al punto que quieren, generando ladrillos de ochocientas o mil páginas de las cuales solo pueden que sean buenas la mitad o menos.

Una recomendación es que acepten las cantidades de hojas que salgan, no por escribir libros más extensos se es mejor que otro, si consideras que tu libro es muy “pequeño” haz trampa: tipos de letras más grandes, en vez de 11 ptos. usa 12 o 12.5, interlineados más grandes, agrega espacios entre párrafos, amplía un poco los márgenes.

Otra cosa que el escritor de narrativa tiene que comprender es que uno no echa un cuento, escribir una historia no es como contarle el chisme a un amigo mientras se toma un café, el escritor debe recordar lo que le gustó del libro como lector y trasladarlo a su creación; escribir no es solo contar la historia, es contarla bien.

Por último, escribir narrativa no es un proceso rápido, no es como escribir un ensayo o un poema, cada género tiene su tiempo particular y cada autor también, lo que sumado puede generar un lapso variable de publicación, eso sin contar todos los procesos técnicos. También es indispensable que un escritor interiorice un hecho importantísimo: Los libros son la mezcla balanceada y perfecta entre corazón y técnica. Un libro con corazón pero mal narrado, mal escrito, lleno de errores demasiado obvios, con fallas técnicas, es tan malo y deplorable como el técnicamente bien escrito pero sin un ápice de pasión.

Un ejemplo de esto es lo siguiente, no es lo mismo decir:


La c
asa roja en la que bibian los niños
A

La casa roja en la que vivían los niños.

A

La casa escarlata, el hogar donde los pequeños fueron felices.


domingo, 31 de mayo de 2015

Escritores: Edgar Allan Poe

Todo aquel que se diga lector del género gótico se ve obligado, casi religiosamente, a leer los relatos de Edgar Allan Poe. No igual, los lectores de terror, porque aunque es considerado el padre del género, uno de los más grandes precursores (si no el más grande) realmente, al leer a profundidad su obra, encontramos que no es propiamente un escritor de terror.

Claro que el terror tiene muchas vertientes, y muchos lectores asocian el gótico con el terror, por simple desconocimiento de los lineamientos que rigen cada género. Evidentemente esto sucede en la medida en que afinamos nuestros gustos y hábitos de lectura, cuando dejamos de ser lectores amateurs y pasamos a ser lectores analíticos, que además de asimilar la historia, también comprenden y descubren que un libro es fondo y forma.

Cabe destacar que dicha comprensión está íntimamente relacionada con la edad, (sí, con la edad) y con la experiencia, muchas veces no es igual leer un libro a los quince que leerlo a los veinticinco, incluso, muchos encuentran curioso que después de diez años ese libro que nos obsesionó en la juventud, lo hallen absurdo, inmaduro y nada atractivo.

Algo así sucede con este escritor, cuando leí “Corazón delator” en el bachillerato, mientras estudiábamos a los escritores del Romanticismo (lo estudié junto a Cortazar, Borjes, Quiroga e Isaacs) este relato me pareció una maravilla, claro que en ese entonces tampoco lo consideré de terror, de hecho me parece mucho más terrorífico “La gallina degollada” de Horacio Quiroga; pero en perspectiva, y por acción de los años pasados desde entonces, aunado al hecho de que ahora leo con la visión de quien escribe a conciencia, puedo aceptar que E.A.P. es de terror… psicológico.

Recientemente me di a la tarea de buscar aquellos relatos del autor que son considerados de terror. Leí “Ligeia” “Corazón delator” “La Caída de la casa Usher” y “Gato Negro” (además de todos los adicionales de él, como “La caja oblonga” o “La máscara de la muerte roja” que es uno de mis favoritos). Analizando dichos relatos con ojo crítico, uno puede notar el recurrente existencialismo en ellos, su terror se basa en la culpa, la excitación de los sentidos por el opio y/o alcohol, o por los temperamentos sensibles que conducen a la locura. Muy pocas veces vemos en sus relatos un “ente providencial y sobre natural” que produzcan los sentimientos antes mencionados; la mayoría de sus protagonistas, se encuentran en una pendiente existencial que se enrumba al hundimiento total, sea por desidia o por voluntad propia, en los cuales se regodean casi con fruición glotona. Ciertamente, no podemos descontextualizar el género al no tomar en cuenta la época en que fueron escritos; ahora en la actualidad, muchos encontraremos que dichos relatos poseen un lenguaje recargado, lleno de una profunda, aunque influenciada, culpa o miedo, por algo que hicieron o que piensan hacer.

Aunque en la literatura de este ilustre escritor existen diversos géneros, la única novela que escribió, y la cual poseo, jamás la he leído, es una especie de decepción que conservo de aquellos días en los que aseguraba que Poe era mi escritor favorito, solo para descubrir que su novela era sobre marineros y que para mí (hago énfasis en eso: para mí) no significaba mucho o nada, pues esperaba una trágica historia de amor, oscuridad y terror.


Una cosa que es indiscutible es el nuevo estilo gótico que utilizó, traslado la decadencia de las descripciones del Medioevo y las aplicó a su modernidad, aunque algunas de sus historias suceden en antiguos castillos (La máscara de la muerte roja) el resto se desenvuelve en las calles de su actualidad, le confiere a ellas es carácter enigmático y misterioso, ruinoso, propios del goticismo, e incluso sus personajes guardan semejanza con estos abnegados héroes y heroínas, o en su defecto, sus villanos tienen esa aura despreciable e inmoral, que también pertenecen al género.

Considero que Edgar Allan Poe es uno de esos escritores (excelentes) que te permiten releer su obra a través de los años y encontrar nuevos puntos de vista e interpretación, cuando un escritor consigue esa versatilidad, está destinado a pasar a la historia, tal y como este lo hizo; es tal vez por esta versatilidad que menciono, por la que E.A.P siempre está de moda, más que como simple representante de una época histórica dentro de la literatura.


jueves, 21 de mayo de 2015

De géneros y herramientas: Terror Vs. Horror Vs. Gótico.

Dentro del mundo de la literatura los escritores sufren constantemente con el marco, esto no es otra cosa sino el definir el género que dominará la historia. ¿Qué quiero decir con esto? Sencillamente un escritor puede empezar a escribir una historia de ciencia ficción y terminar escribiendo una ficción de terror. 

Pero más allá de eso, ya entrando en materia, cuando hemos definido el marco general de la historia, comienzan las definiciones especificas; es cuando el escritor decide que tanto se adentró en otros géneros o subgéneros y la obra deja de ser una sola cosa y se convierte en dos, como por ejemplo, algo que ha surgido con el romanticismo moderno: el romance paranormal.

Dentro del género de narrativa de ficción de miedo, nos encontramos con dos géneros que a primera vista puede uno pensar que es lo mismo, pero así como un drama histórico no es lo mismo que un drama romántico, lo mismo sucede con el estilo oscuro.

Los límites que definen al terror y al horror son tan delgados que es muy sencillo confundirlos, pero son las diferencias sutiles de fondo las que nos permiten comprender que es qué. Aunque una norma básica para definir si tu obra de ficción es de horror o terror es comprender la fuente del mal que aqueja a los personajes. 

En el horror nos encontramos con las criaturas inexistentes, la raíz de todo mal, el causante de todas las desgracias es un ser sobre natural, normalmente incorpóreo, atrapado en una casa como castigo, o en su defecto, la fuente de todas las desgracias es una maldición gitana, o pueblo maldito, o cueva encantada. Es decir que si el malo de la historia es un fantasma, espanto, demonio, o cualquier ente que en términos reales no existe, esa obra entra en el género del horror.

A diferencia de lo anterior, el terror tiene una raíz real y tangible, la maldad está representada en un ser humano vivo, una máquina asesina, un grupo terrorista, un psicópata, ¡E incluso! en las alucinaciones del protagonista, este último es conocido como terror psicológico. La versatilidad del género terror da cierta ventaja, porque al provenir de una base real, el autor puede jugar con otros géneros, como la novela de detectives o la novela política solo por poner dos ejemplos.

Y aclarando un poco más el panorama, todos coincidimos en que la literatura gótica es la antecesora de ambos géneros, mas no significa que esta sea obligatoriamente de terror u horror; es importante destacar que ambos géneros buscan provocar o producir un estado de miedo en los lectores, algo que no sucede necesariamente con la novela gótica. Esta dio las bases para ambos géneros por su marco sombrío y decadente, aspectos que solían ser recurrentes en novelas de horror y terror, pero con la evolución y mezcla de los géneros, muchas obras de ficción de horror y terror no tienen características góticas; una manera sencilla de comprender esto es reconocer que el lenguaje implementado en las novelas góticas es recargado y muy poético, comprende una estética impecable y elegancia, cualidades obligatorias dentro de la literatura gótica.

Por eso es necesario que los autores investiguen y definan muy bien el marco de género para usar, el hecho de que una novela sea de vampiros no significa que sea gótica, grandes novelas de vampiros están enmarcados en el género de ciencia ficción (¡Sí! ciencia ficción), como tampoco lo es el hecho de que sea un romance entre seres sobrenaturales, por ejemplo, la (pésima) saga de Crepúsculo no tiene un ápice de góticismo. 

Espero que esto les sea de ayuda a los nuevos escritores.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Del oficio de escribir: Quiero que me lean ¿Escribo lo que está de moda?

Recientemente estuve meditando sobre este punto, y supuse que, al igual que yo, otras personas que escriben se preguntarán lo mismo. Nuestro máximo deseo como escritores es que nos lean, que exista esa retroalimentación que nos motiva a continuar escribiendo; por más que nos repitamos una y otra vez que escribimos para nosotros mismos, eventualmente la necesidad de que esas obras salgan a la luz se manifestará, y nos encontraremos con el difícil mercado actual de los lectores.

¿Por qué es tan complicado el mercado literario? La respuesta es, en realidad, muy simple, a diferencia de otras representaciones artísticas más comunes, los libros sufren de mala fama, la razón viene desde la escuela y el hogar, en el que vemos a los libros como una obligación y no como un medio de adquirir conocimiento (incluso aunque se trate de ficción); los primeros libros de un niño son los libros de escuela, comenzamos con el “Caracolito” o el que corresponda al país de quien este leyendo esta entrada; la maestra y/o la madre empiezan a enseñarnos las palabras que se forman con la unión de las letras, esas que nos han repetido en la cartilla del ABC casi desde que nacemos, y vienen llenas de imágenes coloridas que ilustran los símbolos que construyen nuestra lengua escrita; entonces nos damos cuenta que en este nuevo libro donde salen palabras como “mamá” “papá” “bebé”, viene con menos dibujos y más palabras con más silabas cada vez, lo que implica que toda la hoja se llena de letras y por ende se vuelve aburrido, pero como es obligatorio aprender a leer y a escribir para perpetuar el sistema educativo, terminan endilgándole al niño el “DEBER” de leer, y a nadie le gusta las cosas por obligación, mucho menos a los niños.

Entonces esos pequeños arrastrarán una aversión hacia la lectura por el resto de su infancia y adolescencia, incluso en la adultez; porque ven la lectura como una obligación y no como un medio de esparcimiento. Esto convierte a los libros en un artículo de poco consumo.

Luego nos enfrentamos al hecho de que los que leen, son elitistas.

La élite de lectores se divide en géneros, a medida que el lector se adentra en el mundo de los libros y va ampliando la diversidad literaria ya no lee solo ficción sino que se sumerge en la política, filosofía, sociología, religión, psicología y demás, en pocas palabras: empieza a refinar los gustos; así nos vamos separando unos de otros, primero los que leemos de los que no, luego los que leen tal género de los que leen otro, luego de los que leen libros con contenidos específicos (no tanto como técnicos) de los que solo leen ficción, y así sucesivamente.

Esto también conlleva a que los lectores se vuelvan renuentes a leer autores independientes, consideran que una marca de calidad literaria es la editorial que soporta al autor publicado, esto sin tomar en cuenta el género; me refiero a que si alguien te ofrece un libro del género vampiro de Anne Rice y al mismo tiempo te ofrece otro pero de un autor independiente y menos conocido, el lector se va a decantar por leer primero el de Anne Rice, simplemente porque es ella, y la han publicado editoriales. Así el escritor se enfrenta al monstruo de “¿Quién es este escritor y que obra famosa escribió?”. Lamentablemente los autores independientes no cuentan con las plataformas de máxima difusión, así que como decimos acá en mi tierra: “Solo es famoso en su pueblo”

Y si todo lo anterior no fue suficiente, nos encontramos con la sociedad de consumo, ese universo de lectores “nuevos”, que se han adentrado a leer gracias a las nuevas tecnologías y al boom de la literatura “erótica” (cualquier herramienta es válida para que las personas se pongan a leer, pero por favor, de nada sirve leer si solo se va leer basura). Los autores se encuentran con un mercado de creciente tendencia genérica, con lectores que van desde los doce años en adelante, con un gusto definido por el tema romántico-sexual en cualquier presentación, lo que ha llevado a la aparición de una nueva ola de autores que se lanzan a escribir sagas de quince libros (todos iguales) y lo que marca la diferencia es que uno es de vampiros, otra  es de guerreros míticos, otra es de ángeles, o licántropos, elfos y paren ustedes de contar; trayendo como consecuencia que dichos lectores no lean nada más que eso, sin darle oportunidad a otros escritores y géneros.

Todo esto lleva al autor a plantearse la incógnita: ¿Qué escribir? ¿Escribo lo que me gusta y me lanzo a una competencia desigual? O ¿Escribo lo que está de moda, me vuelvo famoso y luego sí escribo lo que en un principio quería escribir, arriesgándome al rechazo natural por cambiarme de género y por ende, perder lectores?

Entonces comienza la lucha interna del escritor que desea escribir por amor al arte. Los lectores que hoy me obsequian un minuto de su tiempo deben comprender el por qué de esta lucha. Los libros, a diferencia de otras ramas artísticas, solo verán cumplido su fin si son leídos; otras representaciones artísticas serán percibidas de una u otra forma, pero los libros no, sin difusión un libro puede pasar al olvido con facilidad, aunque el mismo escritor se aboque a obsequiarlo y llevarlo de un lado a otro, y esto es debido al desagrado generalizado que hay contra la lectura, es probable que el destino de un libro de un autor independiente no sea otro que el indiferencia y las repisas de familia y amigos; y no es ese el destino que un escritor quiere.

¿Cómo concluir esta entrada? No lo sé, creo que estas palabras solo sirven de catarsis. Yo me decanté por un género que en Latinoamérica y en habla hispana no tiene muchos lectores a menos de que tenga un gran nombre detrás como el de Stephen King; el universo actual de lectores no se detiene mucho a pensar qué tan bueno puede ser un escritor que ha ganado un premio simplemente porque no es el género que le gusta, también me enfrento al hecho de la costumbre, la gente en general es renuente a darle oportunidad al cambio, a lo nuevo, ¿Por qué hacerlo si lo conocido le gusta y le sirve, y así sucesivamente puedo enumerarle más razones. Tal vez todo esto se deba a uno de esos episodios existencialista que todos los que escribimos sufrimos de vez en cuando, hay personas que nos planteamos constantemente los por qué.

No me queda nada más que decir, un abrazo confortable a todos los escritores que se han preguntado lo mismo que yo, y a los que no… ¡Qué suerte tienen!


Saludos.

martes, 12 de mayo de 2015

Escritores venezolanos: Héctor L. González

Uno de los escritores al que tengo el grato placer de conocer es a Héctor González; excelente amigo y talentoso autor de la narrativa venezolana. Este joven de apenas veinticinco años ha plasmado interesantes obras con su pluma; aunque él va en búsqueda de la intertextualidad (al mismo tiempo algo nihilista) y de una nueva metaliteratura, también ha escrito unas cuantas novelas de género negro con una calidad destacable y un dominio espectacular.
Entre sus títulos tenemos la más reciente obra que leí de él: “Entre putas y culpables”, en la que se puede ver la evolución que todo escritor debe tener a medida que avanza en este oficio; con esa habilidad exquisita y delicada que tiene para saltar de un estilo a otro, ha logrado destacarse aun en contra de sus propias expectativas; ejemplo de esto es que se erigió como ganador del premio “Arturo Croce” patrocinado por la gobernación del estado Táchira de Venezuela, con su cuento “La Ciega”, la historia de una joven que no es consciente de su ceguera y piensa que todo es normal.

Héctor es un escritor talentoso, que de continuar por la línea del género negro venezolano, se le puede vislumbrar un futuro prominente; de las obras que he tenido el honor de corregir y el grato placer de leer, se encuentra “Teatro circular, o los infiernos femeninos” y “Fiesta de la crueldad”, novelas que muestran una visión distinta del acostumbrado género negro, en ellas Héctor se adentra en una perspectiva de la violencia social, aquella que tiene su raíz en el más profundo y arraigado miedo e ignorancia, entreteje historias donde los personajes se deslizan de tal forma que uno podría creer que de hecho existen, no son solo producciones de la mente maestra del escritor, sino que nos enfrenta a plantearnos esa realidad desagradable y pérfida que creemos, ingenuamente, no existe.

Este autor tiene muchas novelas inéditas que solo han visto la luz entre el grupo reducido de amigos en el que nos repartimos las obras con la esperanza de que nuestros pares nos corrijan, espero que pronto todas estén disponibles para el amplio universo de lectores que tendrá, una persona con su talento solo le puede esperar el éxito en el mundo literario, aunque no sea ese el destino que él mismo espera. Ha publicado “El encanto de los derrotados” y el mencionado en las primeras líneas de esta entrada, ambas con el sello editorial de la Fundación Negro Sobre Blanco Editorial, de la mano de Richard Sabogal.
Se ve a sí mismo como un copista en potencia, pero en honor de la verdad, este escritor lo último que hace es plagiar (aunque insista), Héctor se lanza a explorar un universo alternativo a partir de personajes creados por otros escritores, personajes que han sido olvidados y que no necesariamente se encontrarán en sus obras; como todo escritor aspira a ser tan bueno como aquellos a los que admira y busca (también como todo escritor) imitar estilos y formas en pro de mejorar y darle calidad a su narrativa, la diferencia estriba en que desde ese punto de partida, este autor se lanza a crear algo nuevo de lo existente y escrito, y lo hace con tal calidad y talento, que sus libros son verdaderas obras de alta literatura.

(Portada diseñada por mi)

Yo los invito a leerlo si pueden, inclusive, hagan el esfuerzo de sobreponerse a ese rechazo natural que pudiese sentirse ante la cruda verosimilitud con el que narra sus historias, hay que comprender que los libros de Héctor L. González no son para cualquier lector, no todos podemos apreciar la estética que se encuentra en lo oscuro y lo cruel; pero si logran sobreponerse, entonces encontrarán una rica y variada obra entre sus líneas.


Saludos.


jueves, 7 de mayo de 2015

Del oficio de escribir: Romance ¿Literatura de baja calidad?

Hace unos días publiqué por mi página de Facebook un enlace de un reportaje escrito en el periódico El País. (http://elpais.com/elpais/2015/04/22/buenavida/1429700784_159348.html) En este reseñan un estudio que asegura que leer ficción nos hace mejores personas, pero especifican que no cualquier ficción, sino ficción de buena calidad.

A medida que leemos, explican cómo realizaron el experimento, y cuales fueron sus sistemas de medición y control. Nos aclaran (muy específicamente) que los científicos escogieron novelas de literatura de alta calidad y literatura de baja calidad, aclarando que tomaron como exponente de literatura baja a la escritora romántica y best seller del género: Danielle Steel. Probablemente muchas de las escritorxs y lectorxs actuales se escandalizarán con esta afirmación, pero las remito al artículo en cuestión, para que indaguen un poco más.

Pero para aclarar un poco el panorama, es sencillo entender lo que los científicos afirman, la buena literatura te ayuda a ser mejor persona simplemente porque permite extrapolar nuestras mentes a las sensaciones y emociones expuestas en los libros de ficción, neurológicamente hablando, se confirmó que ciertas zonas del cerebro se activaron ante la lectura de libros que citaban acciones especificas, es decir, que durante una narración bien hecha, los lectores podían reproducir en sus cerebros las acciones de los personajes que estaban leyendo, como por ejemplo, la zona del cerebro que se encarga de percibir los olores reaccionaba cuando se mencionaba el ajo o la canela. Estas mismas reacciones se produjeron con los lectores que leyeron los libros de la autora, solo que en menor medida. 

Evidentemente los autores del género defenderán a capa y espada lo que escriben, pero tristemente no se puede tapar el sol con un dedo. Es muy probable que existan exponentes muy talentosas que han escrito increíbles y hermosas obras, el detalle radica en una sola cosa, la literatura romántica actual es casi toda igual, Las narraciones son lineales, poco detalladas y solo se basan en los protagonistas, no existe nada más allá que ellos y el amor que se tienen, y obviamente la lucha de los antagonistas que siempre estarán en contra de ese "amor verdadero", si somos completamente honestos es la formula usada hasta la saciedad de todas las telenovelas habidas y por haber, como también de todos los libros del género habidos y por haber. 

La literatura de ficción requiere un amplio estudio de las formas, fondos y conceptos, lo que resulta en un autor que se arriesga a establecer diversas historias e hilos conductivos alrededor de la trama central; al tener más de dos o tres personajes el lector se enfrenta a una amplia gama de emociones que no solo tienen que el exagerado amor (o desamor) que sienten los protagonistas. Científicamente hablando, esto hace que nuestro cerebro active todas las zonas relacionadas con las acciones narradas, al ponerse en el lugar de los personajes experimenta las emociones variadas y diversas que estos sienten, consiguiendo que la persona pueda desarrollar mejores cualidades de empatía al poder ponerse en el lugar de otros.

Cabe destacar que muchas personas que leen romántica no leen otros géneros, o leen muy poco; inclusive, son renuentes a leer obras de reconocidos escritores del género como Sir Walter Scott, Jorge Isaacs, Alejandro Dumas, Juan Antonio Perez Bonalde, Lord Byron, entre muchos otros; lo que no les permite (tanto a escritores como lectores) establecer una perspectiva, una cualidad intrínsecamente necesaria para cualquiera que se dedique a escribir.

Los escritores de romántica moderna no pueden (aunque quieran) escaparse de las críticas, sobre todo de aquellas personas que se han dedicado a estudiar literatura, donde no solo se fijan en la historia, sino que evalúan la forma, el estilo, la evolución, el lenguaje y todos esos detalles que son parte de la narración; es imposible no establecer comparaciones odiosas con el género romántico actual, la gran mayoría son culebrones amorosos enmascarados en subgéneros de paranormal, vampirismo o fantasía, que solo son reproducciones de malas novelas sobre esos géneros. Reitero algo, porque a veces en el ofuscamiento no leemos todo sino que interpretamos lo que queremos nada más; no puedo decir que TODAS las novelas románticas modernas son malas, pero sí puedo decir que la gran mayoría. Inclusive, creo que ha empezado el declive del boom literario romántico moderno, ya se lee y se escucha a lectores que dicen que tal novela de tal escritora es la misma cosa que la novela zutana de la misma autora; es difícil no repetir historias si se escriben sesenta novelas que giran en torno a lo mismo.

Considero que mayormente el problema con el género es el desconocimiento de los escritores sobre qué es la literatura romántica y lo que representó en la historia. ¿Cómo escribir sobre algo que no se conoce realmente? El romanticismo fue un movimiento cultural y político que revolucionó el mundo a finales del siglo XVIII, este movimiento es una reacción a las rígidas doctrinas del clasicismo y el racionalismo de la la ilustración, buscaba la libertad autentica, es una manera de sentir la vida y la naturaleza, y se desarrolló en direcciones diferentes en cada país.

El romanticismo busca una obra imperfecta, inacabada, abierta, todo esto en contraposición de la obra perfecta y acabada de los movimientos artísticos anteriores, hay una exaltación del yo, una marcada nostalgia a lo perdido, le permite al artista mostrar lo que lo hace único y por ende deja que muestre su creatividad frente a la imitación de los antiguos cánones. Está literatura no solo se basa en el romance de dos personas, de hombre y mujer, sino que se expande más allá de eso, explora los sentimientos (variados y diversos) que se experimentan frente a la incógnita llamada vida.

Si miramos al futuro con cierto optimismo, podríamos pensar que esta marcada tendencia consumista del romance barato y pueril, acabará eventualmente, permitiendo que las verdaderas buenas obras del género pasen a la posteridad y se unan a ese vasto universo que ilustrará, como nos han ilustrado los grandes de cada género, a los futuros escritores que se encargarán de innovar en su momento.

Saludos a todos.

miércoles, 6 de mayo de 2015

De géneros y herramientas: Los símbolos mal interpretados

La literatura siempre se ha valido de leyendas, de la fe, de las religiones y de las ricas mitologías de antiguas civilizaciones. Esto ha conducido a que muchos lectores tomen como ciertas y verídicas afirmaciones que se encuentran en libros de ficción, que consideren que las licencias literarias que un autor se toma para darle un mejor sentido a una trama, son de hecho ciertas.

Tomemos por ejemplo uno de los más conocidos, la estrella de cinco puntas.


La estrella de cinco puntas tiene un significado específico dentro del mundo de la magia ceremonial, la estrella de cinco puntas representa el microcosmos, que no es otra cosa que una representación simbólica del hombre. Para no ahondar en un tema filosófico y extenso, se considera que el hombre es la condensación del universo, que es, en sí mismo, un universo pequeño, de allí, el término microcosmos. También tenemos sus derivaciones, encerrado en un círculo es un pentaculo, representa los cuatro elementos en cada punta, y en la superior, el espíritu. Es el espíritu dominando la materia. Si lo rodea la palabra Tetragramaton, se convierte en un poderoso amuleto o talismán, que muchos magos (magia ceremonial, wiccanismo o cualquier secta derivada) usan para sus rituales mágicos.

Luego tenemos la estrella invertida, que gracias a la literatura y a la mala interpretación del cine, se ha convertido en símbolo del mal y del diablo; debido principalmente a la asociación de que las dos puntas superiores son los cuernos y la de abajo es la barba. Lo divertido de esto es que muchas sectas paganas que han desconocido la existencia del dios hebreo-cristiano, dirán sin lugar a dudas que esa estrella jamás ha sido el símbolo del diablo, sencillamente porque el diablo no existe; pero sí dirán que es el símbolo de Baphomet, o mejor conocido como el Macho Cabrio.

El Baphomet, que es otro símbolo usado indiscriminadamente en la literatura y el cine, la mayoría de las veces sin conocer su significado; simboliza la perfecta unión del hombre con el conocimiento, cada parte de su cuerpo tiene un significado, y aquellos que por lo menos han visto una imagen de este, saben que puede parecer grotesca en su composición. Algunos libros de historia de magia ceremonial relatan que el camino del aprendiz terminaba con una última y horrorosa prueba, debía sobrevivir a un sabatt, una terrible fiesta en el que todos los magos y brujas se entregaban a un frenesí desbocado, en el que se hacían cosas horrorosas, precedidos por una enorme estatua del Baphomet; cuando se terminaba, se le pedía al estudiante que hiciera una última prueba, una que demostraría su fidelidad al camino que había emprendido, debía darle un beso al trasero del Baphomet.

Si el aprendiz, agobiado por todo lo que había visto, decidía hacerlo, cuando le daba la vuelta a la estatua, se encontraba a una joven mujer hermosa que le deba un beso en la mejilla y le decía que había superado la prueba, convirtiéndose así en un Iniciado. Descubriendo que la horrorosa estatua y las acciones espantosas que acababa de presenciar, solo eran una pantalla para mantener alejados a los ignorantes, para de este modo, preservar el conocimiento.

Claro que el Baphomet ha sido mal interpretado (y mucho) después de que la obra del famoso ocultista Eliphas Levi, saliera en mil ochocientos cincuenta y cuatro.

En el caso de estos símbolos mencionados, existen amplios estudios, muy extensos; que darían entradas muy largas. Por eso, invito a los lectores que si desean saber más sobre esto, investiguen; más si son escritores, porque el tema es interesante, amplio y rico, culturalmente hablando.
También tenemos las cruces invertidas, un símbolo satánico por excelencia, pero que en perspectiva no tiene relación alguna con este.

Las cruces, de acuerdo a su configuración, tienen diversos significados, la cruz griega (que tiene los cuatro brazos iguales) representa igualdad, la cruz cristiana, dicen muchos que es un símbolo de tortura, pero en realidad, investigaciones históricas han demostrado que Jesús no pudo morir crucificado, porque según la época histórica, no existían tales castigos, los condenados a muerte eran enviados al madero, es decir, las manos se clavaban arriba, es por esa razón que Cristo tiene las heridas de los clavos en las palmas y no en las muñecas. Así que la cruz cristiana representa, nada más y nada menos que al hombre.


La cruz invertida no tiene connotaciones satánicas por sí misma, de hecho, podría considerarse que tiene un simbolismo de humildad. Los mitos de las religiones cristianas dicen que Pedro pidió ser crucificado de cabeza porque no era digno de morir de la misma manera que su maestro. Es por esta razón que dicha cruz se llama la cruz de San Pedro y se encuentra tallada en el trono del Papa.
Obviamente la cruz invertida en el satanismo se debe a la costumbre de usar los mismos símbolos y ritos cristianos, solo que de manera contraria.

Otro símbolo mal interpretado, más por la historia que por la literatura, es la famosa esvástica. Que tiene más de cinco mil años de representaciones en diversas culturas y religiones, con significados específicos de acuerdo a la dirección en que estén sus brazos; y la mayoría de las personas lo relacionan directamente con los nazis.


Existen otros símbolos que han corrido con la misma suerte, y que la literatura hizo eco de estos reforzando sus significados errados o mal interpretados, arraigándose profundamente en la memoria colectiva.

Por eso, siempre invito a la gente, sea escritora o no, a que investigue y averigüe a profundidad, la historia real, detrás del mito; porque como menciono en líneas superiores, muchos lectores toman como ciertas las palabras de un autor, porque presuponen que este ha realizado una investigación bastante extensa para poder escribir con propiedad; más, a nivel literario se suelen sacrificar el significado o parte de este para incorporarlo en el contexto de la obra y darle “más sentido”, generando así mucha de la confusión que hoy tenemos.


Saludos



martes, 5 de mayo de 2015

De géneros y herramientas: Literatura gótica

Muchos lectores tienden a confundir la literatura gótica con la literatura de horror o terror o de vampiros. Aunque en ciertos puntos son parecidas, la literatura gótica tiene características específicas que la definen, es decir que una novela gótica puede ser de terror u horror, pero no necesariamente una novela de terror u horror es gótica.



Las características de una novela gótica son bastante sencillas de discernir. Es indispensable una ambientación romántica: paisajes sombríos, bosques tenebrosos, un castillo tenebroso y/o abandonado o cualquier ruina medieval que conlleve a un escenario de pasillos laberinticos, sótanos, mazmorras, criptas; una bella damisela en apuros, es decir, la típica heroína que es víctima de una fuerza sobrenatural o un terrible villano; un héroe enamorado dispuesto a rescatarla hasta enloquecer, supersticiones populares sobre fantasmas y aparecidos, cadenas chirriantes, sombras que se ciernen sobre nuestros protagonistas, sean estas reales o imaginarias; y un final feliz, en el que la heroína queda liberada de su mal gracias al héroe enamorado.

Muchos coinciden que la aparición del género sucedió en el siglo XVIII con el libro de Horace Walpole titulado El castillo de Otranto (1765) y se “cerró” con la obra de Charles Maturin: Melmoth el errabundo (1815). Claro que entre estas se desarrolló el género con obras como Vathek de William Beckford (1786), Los misterios de Udolfo de Ann Radcliffe (1794), Las aventuras de Caleb Williams de William Godwin (Londres, 1794), El Monje de Matthew Lewis (1796) y Manuscrito encontrado en Zaragoza de Jan Potocki (1805).

Por ejemplo, yo leí El Monje, es una novela excelente y en mi opinión representa de cabo a rabo a la literatura gótica.

El género como tal posee un erotismo oculto, que se deja inferir muy claramente pero el cual no se muestra por completo, también presenta un amor por lo decadente y ruinoso. En ella se hace eco a la depresión profunda, la angustia, la soledad, el amor enfermizo, las pasiones obsesivas; en algunos casos aparecen vínculos con lo oculto y lo sobrenatural a través de maldiciones y pruebas que se deben superar para obtener el amor puro.



La mayoría de los autores sostiene que el género ha sido el padre  de la literatura de terror/horror, dejando de lado los sentimientos y símbolos mencionados anteriormente, y decantándose por exacerbar otros elementos; Inclusive ensalzando al villano y haciéndolo vencedor al final de la historia. 

Es importante para un escritor reconocer las características que definen los géneros y subgéneros que nos permitirán enmarcar nuestro libro de manera correcta.

Saludos.

viernes, 1 de mayo de 2015

De géneros y herramientas: El mal de las redundancias.

Dentro de la construcción literaria existen diversos términos para definir las redundancias en las que caemos todos los escritores. Algunas veces dichas redundancias responden a un carácter completamente literario, es decir, que se usan a propósito para reforzar cierto aspecto poético o en su defecto características de los personajes.
Para poder evitar esto, el escritor debe conocer las figuras retoricas de las que hace uso inconsciente, están allí todo el tiempo, pero por el uso y costumbre no solemos notarla, más que nada porque muchas veces establecemos que escribir es simple prolongación del habla, y esto, no es así. Por eso no es igual que digamos a viva voz: ―¡Sal para afuera!― que verlo escrito en una novela.
Pleonasmo: es una figura retorica que consiste en adicionar palabras a la oración que no son realmente necesarias porque el significado está implícita o explícitamente en ella. Se considera un vicio del lenguaje cuando se emplea mal en la redacción.
El pleonasmo bien usado puede darle gracia y expresividad a la frase, evitando que esta suene incompleta; a nivel literario los pleonasmos se usan para hacer énfasis o darle “poesía” a lo escrito. Ejemplo:
“Yo mismo estuve presente en la pelea, vi con mis propios ojos como lo golpeaban”
En este caso, el pleonasmo le da el carácter enfático de la situación. Otros ejemplos útiles que ilustrarían un pleonasmo:
“A nosotros no nos corresponde decidir”
“¿Cómo estás tú?”
Tautología: a diferencia del pleonasmo, esta figura retorica es obvia y vacía, consiste en repetir la misma idea de manera diferente que finalmente será inútil y viciosa.
La tautología causa cierta confusión, porque al igual que el pleonasmo es una redundancia, pero mientras que con el anterior podemos conferirle cierta gracia a la narración, este solo “embasura” porque es innecesaria. Un ejemplo de esto es:
“Sube para arriba, que te están esperando”
Otro mal de las redundancias en la narración es la repetición de los pronombres, cuando en un mismo párrafo usamos “para él” “de él” “para ella” “de ella” “Yo” “Mi” “Me” “Tu” “Te”, esto se llamar redundancia pronominal y suele ser uno de los mayores males de los narradores, generando pesadez al evitar una lectura fluida.
“miró los ojos de él”
“besó la boca de ella”
El proceso narrativo suele suceder sin pausas, muchas veces escribimos sin leer, con el fin de sacar la idea completa y no perder la inspiración; pero en el proceso de corrección no tomamos en cuenta las redundancias al desconocer las figuras literarias de las que estamos abusando; espero que esta pequeña entrada les sea de ayuda a los escritores (noveles y no tan noveles) a pulir su manuscrito.


Saludos.

martes, 28 de abril de 2015

Escritores Venezolanos: Richard Sabogal

Siendo muy honesta es difícil hablar de Richard Sabogal como escritor; he tenido el honor de leer y corregir algunos de sus relatos, que han resultado ser bastante buenos. Si me preguntan si lo recomendaría como lectura, ciertamente diría que sí, mucho más después de haber leído su libro “Cuentos para morir leyendo” con el  que comparte la autoría junto a Gusmar Sosa, otro escritor venezolano.

Puedo decir que Richard puede convertirse en un reconocido exponente del género negro en mi país, para los amantes de esta literatura les puedo asegurar que este autor no escatima en palabras para inundar la cabeza del lector con imágenes bastante claras; lo bueno de su obra es que no anda con delicadezas, es ruda, oscura y plagada de la parte vil de la naturaleza humana.

La obra “Cuentos para morir leyendo” se vale de un juego retorcido entre los autores que a mí me parece encantador, dentro de sus líneas y relatos se teje una trama humorística de por qué uno mata al otro; entre sus páginas encontraremos las ironías de las que están plagadas las vidas de los escritores y editores, algo que en una perspectiva un poco aterradora, podría considerarse normal, debido a la “sensibilidad” que caracteriza a la gente de letras. En resumidas cuentas es un libro genial, con sus pequeños detalles que demuestran el carácter un tanto “ingenuo” y autodidacta de la obra.

Hubo un relato en particular que me encantó, que se sobre puso a todos los demás, una obra maestra dentro del libro, es existencialista, oscuro, negro, doloroso, cruel y real, porque no puedo evitar pensar que las historias que relata y se unen a través de un espejo, que se convierte en testigo silencioso de dichas desgracias, puede pasar. Nada más porque otros lean el relato Óbito tres de Richard Sabogal en “Cuentos para morir leyendo” lo recomiendo con los ojos cerrados.


Esta obra la pueden conseguir por la página de la editorial Negro Sobre Blanco que dirige, también, mi querido amigo Richard. Si pueden adquirirla, no lo duden ¡Cómprenla!


Saludos desde mis mundos oscuros.


sábado, 25 de abril de 2015

Del oficio de escribir: ¿Por qué concursar?

En los últimos años ha crecido exponencialmente la cantidad de concursos literarios a nivel mundial; las tecnologías nos han servido de trampolín para acceder a las editoriales de manera más contundente, ya no tenemos que depender de imprimir un manuscrito de ciento cincuenta hojas, anillarlo y luego enviarlo por correo a las editoriales con la esperanza de que en algún punto no demasiado lejos en el futuro, nos contacten con la temida o anhelada comunicación.


Ahora, gracias a la red, podemos enterarnos de los concursos literarios en otros continentes, permitiéndole a los escritores, saltarse el océano y participar por medio de un correo electrónico; una bendición que recibimos con placer aquellos escritores que no escribimos géneros adecuados para las casas editoriales de nuestros países, porque no es un secreto que algunas editoriales son mas estrictitas en sus políticas de publicación y no aceptan con facilidad los géneros que salen del “convencionalismo social” a menos de que la obra en cuestión sea de un autor renombrado.


Claro que la difusión masiva por la red los ha obligado a flexibilizar dichas políticas, dando apertura a nuevos talentos dentro de la literatura, pero con ciertas reservas. Aún hoy en día las editoriales continúan siendo las “máximas autoridades” dentro de este mundo y como algunas máximas autoridades en otros ámbitos, se niegan a cambiar; por suerte existen algunas mentes brillantes y rebeldes que se lanzan en dirección al cambio sin mirar atrás, esas son las editoriales que nos ofrecen algo de esperanza a las personas que no escribimos romance, ni ficción histórica, o las novelas convencionales.

Pero por qué es tan importante concursar, qué merito tiene que llamen a cien escritores solo para premiar a uno o a ninguno, cuál es el criterio para escoger una obra ganadora que al final, probablemente, terminará siendo una más del montón.

Simplemente porque el concursar te da perspectiva, aunque no ganes, el saber que vas a concursar con otros te obliga a replantearte la obra; la escribes con mayor cuidado, te esmeras en minimizar los errores, corriges las faltas de ortografía con más precisión, porque el panel que va a hacer las veces de jurados no son simples lectores que tal vez no comprenden de cuestiones técnicas (que sí existen en el mundo literario, por más que nos queramos sentir libres), las personas que están allí son escritores, que se supone, saben de escribir, que han pasado y pasan por el camino que nosotros transitamos, que han ganado experiencia y pueden ser eminencias dentro de sus géneros; es decir, concursar te obliga de una manera muy sutil a escribir mejor.

Si contamos el hecho de que después de unos intentos (o muchos, dependerá de la terquedad de cada escritor, los habemos muy tercos) conseguimos el tan ansiado premio que le dará peso a nuestra obra y contribuirá a que nos noten un poco más; esto también nos servirá para establecer estándares de calidad dentro de nuestra obra, de ese escritor ganador, se esperarán más obras geniales dignas de galardones cada vez más importantes, que finalmente se convertirán en el currículo de dicho autor.

Obviamente hay autores que pensarán que no necesitan concursar, por X o por Y razones, que pueden ser desde las más mediocres hasta las más acertadas; pero desde mi punto de vista haber sido merecedora de un premio en narrativa me motivó a mejorar cada día, a pulir mi talento para escribir, a plantear mejor mis historias, a convertirme en mejor escritora. Ciertamente encontraremos aquellos que se inflan como sapos y se creen de mejor familia por ganar un par de premios, no menosprecio su talento en sí, pero si me burlo de su calidad humana, creer que eres un genio solo por ganar un premio es ridículo. Conozco un par de escritores con una amplia gama de premios y menciones, y son personas normales, que donde los pongan seguirán siendo eso: personas.

Es bueno concursar, porque puede ser la puerta para publicar en una editorial prestigiosa. En la actualidad sabemos que las razones por las cuales algunas editoriales contratan a nuevos escritores son por sus ventas en Amazon u otras plataformas, al fin y al cabo, para la editorial es un negocio. Pero para nosotros los que escribimos, es un sueño laureado, una meta romanticona, muchos de nosotros no escribimos por dinero (si llega a ¡Bienvenido!) sino porque queremos ser recordados, pasar a la posteridad por nuestras obras, dejar un legado útil a las nuevas generaciones y que perdure en la historia; en resumidas cuentas soñamos que en algún punto nuestros nombres se mencionen junto a los grandes como referencia al cambio, como un notado exponente dentro del mundo literario de nuestra época.

¿Es necesario para un escritor concursar? Tal vez sea la pregunta que algunos de los lectores se haga, la respuesta es: no. No es necesario concursar, pero el concursar te obliga a asumir un reto, no solo de ser mejor, sino te obliga a asumir un reto contigo mismo, de salir de esa zona de confort en la que muchos escritores se encierran y te permite experimentar.


¿Qué ha cambiado en mí después de haber ganado un concurso de literatura? Que me he vuelto muy auto critica, y someto a mi obra a un escrutinio más denso, ha sido una responsabilidad muy grande la necesidad de que lo próximo que salga de mis manos de la talla, que sustente el hecho de que sí me merecía ese galardón.


Saludos a todos, supongo que mucha gente que se ha lanzado a escribir no pensaba que esto requería de tanta reflexión.