Mostrando entradas con la etiqueta escritores venezolanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escritores venezolanos. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de junio de 2015

La gorgona de mi ventana. 3era. parte



La primera semana de mi estancia me recluí en mi casa y no me atrevía a salir de ella, ni siquiera cuando veía a la viejita Euríale caminando rumbo al laberinto del jardín. Durante el día no se escuchaba casi nada, de vez en cuando, entre silencio y silencio de las canciones de la radio se oía un cascabel que sonaba oculto entre el monte que empezaba a crecer; sabía que debía recortarlo, mantenerlo muy bajito para que no pudiesen esconderse los odiosos reptiles; en mi creciente y generalizado estado de miedo, nunca me di cuenta que no había visto ni una sola culebra, de ningún tamaño o color, pero yo las veía en mi mente, desplazándose pegadas a la pared, intentando entrar; de noche, a pesar de la música el ruido se volvía insoportable, cuando la oscuridad se apoderaba de las afueras de la casa venía plagada de cientos, miles de serpientes, verdes, amarillas, blancas, negras, manchadas, con cascabeles, grandes y pequeñas, que se movían en la periferia de mis ojos, al borde de la claridad que alcanzaban a percibir mis retinas.

Una mañana de miércoles, creo que ya tendría unos quince días en la casa, decidí salir hasta la ciudad, entré en la primera ferretería que vi y compré una enorme dotación de bombillos. El domingo anterior me había percatado de los postes que rodeaban todo el perímetro de la propiedad, ninguno tenía su bujía, así que me sentí aliviado al poder solucionar el problema de la oscuridad. Llegué de tarde, no esperé a entrar en la casa, me fui con mis bolsas aprovisionando cada lámpara con su reflector (no me arriesgué con simples bombillas de luz débil y amarilla), esa misma noche comprobé que cada una de ellas funcionaba. Mi tranquilidad no duró mucho, a pesar de las potentes luces continuaba escuchando los siseos y cascabeles, no con tanta intensidad ni tan seguidos, pero estaban allí, sonando fuera del alcance de mi vista.

Apagué las luces internas y me fui a dormir, pensando en la necesidad imperante de comprar uno o dos aparatos de aire, las ventanas cerradas a cal y canto volvían la estancia dentro de la casa en una locura infernal; había momentos en que desvariaba, para soportar el calor me mantenía desnudo, sólo usaba unas botas de trabajo de caña alta que me llegaban hasta las rodillas, corría cada tres o cuatro veces a la ducha para refrescarme de aquel calor espantoso; incluso sentir las gotas de sudor recorriéndome la espalda me generaba escalofríos, no podía evitar relacionarlas con los cuerpos de serpientes deslizándose por el suelo.

Saliendo de una refrescante ducha que había ayudado a calmar mis ansiedades, me asomé a la ventana de la sala y la abrí de par en par, desde mi posición podía maniobrar rápidamente para cerrar los vidrios en caso de que algún maldito animal decidiera acercarse; no me preocupó encontrarme desnudo, las botas me proporcionaban cierta seguridad porque dentro de mi demencia estaba claro en que mis puntos débiles eran los pies, los tobillos y las pantorrillas. Vi a la mujer saliendo desde mi derecha, caminaba despacio y llevaba un vestido vaporoso de color amarillo y blanco, caminaba con suavidad pero firme, y llevaba un pañuelo anudado en la cabeza que ocultaba su cabello. Desde mi perspectiva me pareció más joven que otras veces, aunque me admití que no la había detallado más, antes y tampoco recordaba haberlo hecho en mi primer terrible día; era tanta mi concentración que no sentí ni un ápice de vergüenza por estar expuesto de semejante manera, antes bien, me preocupó su seguridad, no alcanzaba a ver sus pies, la hierba alta no me permitía divisarlos debajo del ondulante movimiento de su falda; nunca se giró a verme, caminó siempre derecho al laberinto, se perdió de mi vista en cuestión de unos segundos.

Los minutos pasaron despacio, la claridad del sol fue menguando y mientras tanto aumentaba mi preocupación; de nuestro primer y bochornoso encuentro recordaba a una mujer mayor, así que me sentí muy agitado pensando que oscurecía y que aquella anciana se encontraba paseando en mi jardín; si una serpiente la picaba iba a morir sola, sin poder pedir ayuda, porque a mí me paralizaba el miedo a unos reptiles que no había visto. Cuando por fin se hizo de noche no cabía en mí de tantos nervios, el frío nocturno entraba por la ventana, y las lámparas de mi terreno me mostraban un campo verde y explanado con montículos, aquí y allá, de flores; también podía distinguir con cierta claridad las esculturas de piedra que franqueaban el camino hasta la entrada del laberinto.

Con la luz que les llegaba de diversas direcciones, las estatuas de piedra dibujaban sombras extrañas, la oscuridad en algunas zonas de sus facciones les otorgó un aire siniestro y aterrador; así que cerré la ventana, me di una nueva ducha y me enclaustré en mi cuarto a descansar.

El exiguo aire del ventilador refrescaba mi piel mojada, para combatir aquel asfixiante calor de la casa apagué todas las luces sintiéndome seguro por la claridad de las bombillas externas; fui cayendo en un sopor agradable, me dejé ir al sueño fácilmente porque llevaba noches enteras descansando poco o nada, tenía la esperanza de que una noche de reparación podría sacarme de ese estado interno y frenético en el que había caído desde mi llegada; en las brumas del ensueño pensé que tal vez mi problema se debía al terrible golpe en la cabeza, que no había sido únicamente un chichón, posiblemente había desencadenado alguna alucinación auditiva por el impacto que había dañado mi cerebro, todo era posible, ¡Todo!

En mitad de la noche escuché los cascabeles cerca de mi ventana, cuando abrí los ojos vi una horrorosa sombra que se proyectaba, desde afuera, en mi pared blanca; al principio pensé que sólo era la confusión en mi mente dormida, que no alcanzaba a discernir las formas lógicas escondidas detrás de aquella mancha negra, pero inmediatamente caí en cuenta de que no existía nada fuera de mi ventana que proyectara dicha sombra. Me espabilé presa de los más espantosos presagios, sólo podían ser dos cosas: o me había vuelto definitivamente loco por aquel golpe, o en verdad había una cosa monstruosa fuera de la casa.

No pude moverme de la cama, vi cómo la sombra cambiaba de tamaño, a veces parecía hacerse grande en mi pared, abarcando toda su dimensión, luego se empequeñecía hasta adquirir el tamaño de una persona; su cabeza parecía deforme, como si decenas de tentáculos salieran de ella en todas direcciones, cuando se alejaba la sombra crecía y casi sentía que esas protuberancias temblorosas iban a alcanzarme a través de la oscuridad. Repentinamente mi cuarto se llenó de los sonido siseantes de las serpientes, seguidos por el continuo maraqueo familiar de los cascabeles, entonces la comprensión vino a mí como una ola de agua helada que entumeció todo mi cuerpo, aquellas cosas que yo había tomado por tentáculos eran de hechos serpientes, fuera de mi casa había una persona con una cabellera de serpientes, un ente bífido que me acechaba por las noches, esa cosa se acercaba al borde de la casa y dejaba escapar todos sus sonidos incesantes que me estaban torturando, todas las imagines horrorosas que una imaginación trastornada, como estaba la mía, me inundaron en un segundo y casi me asfixié con el grito que no alcanzaba a salir de mi garganta.
Aquella noche aciaga me arrinconé en una esquina, aferré la delgada manta de mi cama y me arropé con ella como si fuera un escudo protector, cuando amaneció yo continuaba temblando como si el mismo frío se hubiese adueñado de mis entrañas, trataba de buscar en mi memoria cómo se llamaba ese monstruo mitológico que había aparecido en mi jardín.


Entonces recordé las viejas lecturas de la escuela, y el nombre vino a mí con estupor: Medusa.





martes, 12 de mayo de 2015

Escritores venezolanos: Héctor L. González

Uno de los escritores al que tengo el grato placer de conocer es a Héctor González; excelente amigo y talentoso autor de la narrativa venezolana. Este joven de apenas veinticinco años ha plasmado interesantes obras con su pluma; aunque él va en búsqueda de la intertextualidad (al mismo tiempo algo nihilista) y de una nueva metaliteratura, también ha escrito unas cuantas novelas de género negro con una calidad destacable y un dominio espectacular.
Entre sus títulos tenemos la más reciente obra que leí de él: “Entre putas y culpables”, en la que se puede ver la evolución que todo escritor debe tener a medida que avanza en este oficio; con esa habilidad exquisita y delicada que tiene para saltar de un estilo a otro, ha logrado destacarse aun en contra de sus propias expectativas; ejemplo de esto es que se erigió como ganador del premio “Arturo Croce” patrocinado por la gobernación del estado Táchira de Venezuela, con su cuento “La Ciega”, la historia de una joven que no es consciente de su ceguera y piensa que todo es normal.

Héctor es un escritor talentoso, que de continuar por la línea del género negro venezolano, se le puede vislumbrar un futuro prominente; de las obras que he tenido el honor de corregir y el grato placer de leer, se encuentra “Teatro circular, o los infiernos femeninos” y “Fiesta de la crueldad”, novelas que muestran una visión distinta del acostumbrado género negro, en ellas Héctor se adentra en una perspectiva de la violencia social, aquella que tiene su raíz en el más profundo y arraigado miedo e ignorancia, entreteje historias donde los personajes se deslizan de tal forma que uno podría creer que de hecho existen, no son solo producciones de la mente maestra del escritor, sino que nos enfrenta a plantearnos esa realidad desagradable y pérfida que creemos, ingenuamente, no existe.

Este autor tiene muchas novelas inéditas que solo han visto la luz entre el grupo reducido de amigos en el que nos repartimos las obras con la esperanza de que nuestros pares nos corrijan, espero que pronto todas estén disponibles para el amplio universo de lectores que tendrá, una persona con su talento solo le puede esperar el éxito en el mundo literario, aunque no sea ese el destino que él mismo espera. Ha publicado “El encanto de los derrotados” y el mencionado en las primeras líneas de esta entrada, ambas con el sello editorial de la Fundación Negro Sobre Blanco Editorial, de la mano de Richard Sabogal.
Se ve a sí mismo como un copista en potencia, pero en honor de la verdad, este escritor lo último que hace es plagiar (aunque insista), Héctor se lanza a explorar un universo alternativo a partir de personajes creados por otros escritores, personajes que han sido olvidados y que no necesariamente se encontrarán en sus obras; como todo escritor aspira a ser tan bueno como aquellos a los que admira y busca (también como todo escritor) imitar estilos y formas en pro de mejorar y darle calidad a su narrativa, la diferencia estriba en que desde ese punto de partida, este autor se lanza a crear algo nuevo de lo existente y escrito, y lo hace con tal calidad y talento, que sus libros son verdaderas obras de alta literatura.

(Portada diseñada por mi)

Yo los invito a leerlo si pueden, inclusive, hagan el esfuerzo de sobreponerse a ese rechazo natural que pudiese sentirse ante la cruda verosimilitud con el que narra sus historias, hay que comprender que los libros de Héctor L. González no son para cualquier lector, no todos podemos apreciar la estética que se encuentra en lo oscuro y lo cruel; pero si logran sobreponerse, entonces encontrarán una rica y variada obra entre sus líneas.


Saludos.


martes, 28 de abril de 2015

Escritores Venezolanos: Richard Sabogal

Siendo muy honesta es difícil hablar de Richard Sabogal como escritor; he tenido el honor de leer y corregir algunos de sus relatos, que han resultado ser bastante buenos. Si me preguntan si lo recomendaría como lectura, ciertamente diría que sí, mucho más después de haber leído su libro “Cuentos para morir leyendo” con el  que comparte la autoría junto a Gusmar Sosa, otro escritor venezolano.

Puedo decir que Richard puede convertirse en un reconocido exponente del género negro en mi país, para los amantes de esta literatura les puedo asegurar que este autor no escatima en palabras para inundar la cabeza del lector con imágenes bastante claras; lo bueno de su obra es que no anda con delicadezas, es ruda, oscura y plagada de la parte vil de la naturaleza humana.

La obra “Cuentos para morir leyendo” se vale de un juego retorcido entre los autores que a mí me parece encantador, dentro de sus líneas y relatos se teje una trama humorística de por qué uno mata al otro; entre sus páginas encontraremos las ironías de las que están plagadas las vidas de los escritores y editores, algo que en una perspectiva un poco aterradora, podría considerarse normal, debido a la “sensibilidad” que caracteriza a la gente de letras. En resumidas cuentas es un libro genial, con sus pequeños detalles que demuestran el carácter un tanto “ingenuo” y autodidacta de la obra.

Hubo un relato en particular que me encantó, que se sobre puso a todos los demás, una obra maestra dentro del libro, es existencialista, oscuro, negro, doloroso, cruel y real, porque no puedo evitar pensar que las historias que relata y se unen a través de un espejo, que se convierte en testigo silencioso de dichas desgracias, puede pasar. Nada más porque otros lean el relato Óbito tres de Richard Sabogal en “Cuentos para morir leyendo” lo recomiendo con los ojos cerrados.


Esta obra la pueden conseguir por la página de la editorial Negro Sobre Blanco que dirige, también, mi querido amigo Richard. Si pueden adquirirla, no lo duden ¡Cómprenla!


Saludos desde mis mundos oscuros.


martes, 21 de abril de 2015

Escritores venezolanos: Kasandra Finol

Recientemente escribí sobre los escritores, más específicamente sobre la vocación de escribir.

Hoy voy a escribir sobre Kasandra Finol, una joven escritora venezolana que ejemplifica lo que quiero decir cuando aseguro que el escritor debe ser osado.



Kasandra Finol tiene poco más de cuatro años en el mundo de la literatura, aunque he leído muy poco de ella, recientemente tuve la oportunidad de leer uno de sus libros antes de que saliera a la luz. El libro número dos de la serie de relatos: “No es Inspiración… son los sonidos de su voz.”, en este libro se ve a una autora distinta, que se enfrenta a un nuevo reto escribiendo relatos de drama, que van dejando en los lectores moralejas claras y precisas. En este libro, ella decide explorar y lanzarse en otra dirección, experimentar un camino distinto que le permite jugar con su estilo y romperlo, sale de su enfoque tradicional y se aventura a cambiar.

En esta segunda entrega da un giro más maduro, regalándonos historias con un contenido más profundo, buscando mostrar esas realidades que, de tan terribles, creemos inexistentes, pero que pueden tocarle a cualquiera si la mala suerte los alcanza. Igualmente nos trae historias de amor que matizan a los otros relatos, obsequiándonos finales felices, dándonos la esperanza de que a nosotros también nos puede pasar.

Siempre he sostenido que no se debe hablar mucho de un libro, que hay que respetar al lector y su inteligencia, que descubra qué hay detrás de cada historia, que se sumerja en el misterio y disfrute el camino. Yo lo único que puedo hacer es recomendar la lectura, no solo de esta obra, sino de todas sus obras, que pueden adquirirlas a través de las webs:


Para cerrar, solo puedo decir que Kasandra es una excelente persona, ha sido una gran guía a todos los que hemos entrado en este mundo de la auto-publicación, nos da tips, nos ayuda a resolver problemas, es una mujer agradecida y dispuesta a ayudar a todo aquel que lo necesite; tiene su carácter (pero todas las arianas lo tenemos, así que… aguántense) y siempre de sus labios saldrá verdad, aunque a veces pueda sonar cruel, pero hay que agradecerlo, porque en estos tiempos las personas cada vez más saben poco de honestidad.

De todos los relatos escritos, me gustó mucho “Dentro del lago”, una historia cruda, oscura y triste, que te golpea cuando te das cuenta de que ese es el destino de muchas mujeres.

Saludos desde mis mundos oscuros…


miércoles, 1 de abril de 2015

Saga de Los Condenados: La Caída de la Torre


Los Condenados es una saga de ficción fantástica oscura, ambientada en un futuro no muy lejano. La humanidad a medida que sufre guerras políticas y debacles económicas,  no nota que, al mismo tiempo, están ocurriendo cambios profundos en el mundo que nada tienen que ver con ellos; un evento que será conocido como La Ruptura, trae como consecuencia el estancamiento de la realidad, de los hombres y el despertar definitivo de Los Condenados.
La Ruptura es el quiebre de la realidad, descubriendo que este mundo no es el único que existe, y que las criaturas que los humanos creían de fantasía o de su invención, de hecho provienen de esos otros mundos, que rodean al de los humanos y que pueden interactuar entre sí.
Mientras que los humanos vivían en la ignorancia, en aquellos mundos se mantenía un entretejido político, lleno de ambiciones y ansias de poder. El creador de los humanos se ha propuesto dominar todos los mundos, porque considera que tiene el derecho por ser la criatura más antigua que existe en todos los confines del universo… y hasta ahora, está ganando.
Los Condenados son todos aquellos guerreros que han caído en las garras del creador, que para poder controlarlos y vigilarlos, los confinó a la humanidad, encerrando sus almas dentro de almas humanas especialmente diseñadas para contener sus poderes y limitar su existencia. Pero gracias a La Ruptura, ellos han podido, no solo despertar, sino adueñarse de esos cuerpos que los aprisionaron por millones de años. Ahora van en busca de la revancha, el fin de la guerra; y solo les queda vencer, derrotar al creador y ser libres, porque después de este mundo… no hay nada.
Adquiere esta primera entrega de Los Condenados a través del portal amazon, en su versión física o en su formato digital por la plataforma kindle.
Kindle: relinks.me/B00QMK9WFQ
Papel: relinks.me/9801271485
Y también por CS: www.createspace.com/4850629
#Angeles #Vampiros #Guerra #Humanidad #Intrigas #FantasiaOscura

Gusmar Sosa, excelente escritor y gran amigo dijo esto sobre Los Condenados:
"Los Condenados, de Johana Calderón, es una obra que se delimita entre la acción épica y el contexto de fantasía oscura. Entre tales fronteras pasea su pluma, para ofrecer una historia donde los elementos se conjugan en un tiempo verbal pasado, pero apuntando a hechos futurísticos, o bien, post-apocalípticos. Esta cualidad, los elementos presentados mediante un tiempo pasado que apuntan hacia eventos post-apocalípticos, hace de la obra de Calderón una novela donde el tiempo es incierto. El conflicto que se plantea, bien podría acusar un posible renacimiento humano y con ello la armonía de lo natural y lo sobrenatural, por tanto podría ser un re-acomodamiento del legendario “en el principio”. Se plantea como un gerundio, una obra de acción constante.
Por otra parte, Los Condenados, ofrece una gama de personajes que reconcilia en uno los distintos contextos amalgamados a las criaturas de cuentos y novelas de fantasía. Vampiros, licántropos, ángeles, dioses, y otros, confluyen en la acción, protagonizando en la misma medida, para desafiar la coherencia ortodoxa del amplio y vasto mundo de fantasía. De fondo, la historia no es vacía y mucho menos vana; plantea paradojas lógicas, expone las falacias de los sistemas políticos y religiosos, denuncia la insuficiencia de los sistemas éticos y desafía la sumisión que surge mediante la entrega doctrinal.
Johana Calderón, además, deslumbra con su poder descriptivo: tiene el don de trasladar al lector a cada una de las escenas en las que se desarrollan los hechos y permitirle encarnar la conciencia de los personajes. La lectura de Los Condenados garantiza el deleite de disfrutar una historia bien contada."