martes, 7 de abril de 2015

Del oficio de escribir: Escritores... ¿Por vocación o por reconocimiento?

Hoy en día cualquiera salta a la palestra y se proclama, con tambores y trompetas, escritor; simplemente porque escribe frases filosóficas, lleva un diario y ha escrito unas cuantas historias en un blog.



Ser escritor requiere más que juntar letras, formar palabras, construir oraciones y que estas se conjuguen de forma tal que tengan sentido y se cree una obra. En mi humilde opinión, la opinión de una pichona de escritora; escribir requiere de un entendimiento mucho más amplio y sutil del concepto de escribir. Este es un proceso de crecimiento, conocimiento y auto-conocimiento, de continua expansión, como la del universo; nace, se alimenta, se transforma y explota en miles de direcciones a la vez y cuando alcanza toda su magnificencia, el escritor se retrae hacia sí mismo para volver a condensarse en una masa que implosionará, de nuevo, cuando encuentre su cauce y vuelva a expandirse otra vez.

Tal vez mi metáfora sea un poco rara, pero así lo veo yo, y cada uno lo verá de una manera distinta, pero en resumidas cuentas y en lo que todos terminamos coincidiendo, es que escribir requiere osadía y creatividad, casi, casi, a partes iguales.



No es escritor aquel que consigue la fama con una fórmula prefabricada y se queda con dicha fórmula que le permite inundar el mercado con la misma obra solo que con personajes diferentes; no puede considerarse escritor el que escribe pero no evoluciona, si la última obra se lee exactamente igual que la primera, no eres un escritor, eres un imitador, y aunque se pueda ser bueno imitando, nunca dejarás de ser eso, un imitador.

Claro que muchos de nosotros empezamos imitando, después de pasar años leyendo, pero leyendo de todo y no solo los géneros que nos gustan. Convertimos a los libros en nuestra primera escuela, con esa diversidad comenzamos imitando los estilos y usando las mismas palabras de aquellos que admiramos, pero poco a poco vamos dejándolas atrás, vamos sustituyendo los estilos copiados por los propios, al principio nuestras frases son tímidas, ingenuas, redundantes; luego agarramos confianza y soltamos las letras, creamos historias originales, y buscamos ser diferentes en cada nueva obra que nace de nuestras manos; osamos en la creación, jugamos con las formas, nos atrevemos a cambiar, a probar y estrellarnos, porque somos escritores por amor al arte, no por reconocimiento.



Existen fórmulas para escribir, pero no existen fórmulas para convertirse en escritor, escribir un blog no te convierte en escritor, como tampoco es escritor el que es periodista, ni educador, ni el que estudia letras; no hay una carrera que te convierta en escritor, aunque algunas pueden acercarte más a la vocación que otras.

Se cree que un escritor nace debido a la experiencia de la vida, que llega un punto en que, aquellos que tienen el talento, encontrarán el inicio de ese camino y se volcarán en él, por eso es que se considera que la edad media de un escritor son los cuarenta; yo considero eso una media verdad, conozco personas talentosas que no llegan a los treinta y se les puede augurar un maravilloso futuro en las letras, como menciono anteriormente y recalco ahora, son los libros nuestra primera escuela, y cuando una persona lee desde muy temprana edad, descubre el mundo fantástico detrás de cada libro, lo que eventualmente te conduce a querer construir tus propios mundos.

Respeto cada género y a los buenos escritores dentro de cada uno, pero por ejemplo, un escritor que me dice que escribe romance pero jamás ha leído María de Isaacs, me parece un tanto fraudulento, o para ponerlo en un término más amable, aquellos escritores de cualquier género que no han leído los grandes clásicos de la literatura de ese género, los que cimentaron el mundo actual, considero que no tienen la escuela, y es por eso que estos no tienen las pelotas para tomar lo aprendido, des-construir esas bases para erigir lo propio, y por lo tanto, probablemente no pasen a la posteridad.

No digo que un escritor deba evolucionar de una novela a otra, pero si en el proceso de su carrera no lo hace, ni siquiera será un escritor sobresaliente, aunque tenga muchas ventas. Un producto que se vende mucho no implica que sea bueno, he visto que con la adecuada publicidad te pueden vender veneno y todos los consumidores lo comprarán felices.

Pero algo que sí me gusta de todos aquellos que se lanzan a escribir, son las agallas; aunque se escriba mal, se requiere de agallas para ponerse a escribir; la diferencia estribará en la humildad que tengamos para asumir las críticas y en base a eso mejorar. Sé que en el camino encontraremos detractores de nuestra obra, también encontraremos pendejos que no critican en pro de mejorar sino de destruir, suelen ser los mismos pendejos mediocres que se creen los hijos perdidos de Cervantes, es decir, se creen cagados por Shakespeare y que si ellos no nacen, el mundo reclama.

Por ahora, esta pichona de escritora se contenta con escribir y ser leída, me emociono como una niña pequeña cuando me dicen que mis historias gustan, me emociono aún más cuando me critican y me dicen en qué debo mejorar, o cuando me piden que me arriesgue e intente cosas nuevas.



Tengo poco más de un año en este mundillo, en los últimos meses mi vida se ha revolucionado con las nuevas amistades que he generado, gente talentosa que tiene marcado la palabra triunfo en su camino, y estoy agradecida con ellos y ellas, sobre todo porque lo que menciono arriba: la evolución y el cambio; son cosas que he visto en cada uno de ellos.

Mi mejor recomendación para todos los que se están lanzando al agua, humildad, lectura, escritura y de nuevo más humildad... y más lectura.


Saludos desde mis mundos oscuros…