domingo, 5 de abril de 2015

De los elementos y los géneros: Vampiros

Los vampiros son seres que han trascendido el tiempo y el espacio en la memoria colectiva de la humanidad; tal vez se deba al hecho de todo lo que representa para los anhelos del hombre: poder, belleza, inmortalidad, sexo.

En mi opinión particular, la nueva literatura le está quitando muchísimo de la personalidad innata de este ser, lo han convertido en jóvenes adolescentes con problemas existenciales, que brillan a la luz del sol (sí, es una mención obvia); cuando en realidad, los vampiros tienen una amplia y rica historia a través del tiempo, que los nuevos lectores están dejando de lado sin saber lo que se pierden.
Dependiendo de la región, los vampiros cambian, incluso varían de nombre y de ciertos aspectos, pero en rasgos generales, siguen siendo vampiros.

Pero esta entrada tiene como finalidad esbozar al vampiro en líneas generales, lo que representa y lo que significa.

Como mencioné palabras arriba, el vampiro es la personificación de los deseos ocultos. En un determinado momento de la historia, los vampiros se desvincularon de los demonios y tuvieron vida propia, mezclando la fantasía con la realidad y generando nuevos productos, de este modo, encontramos que personajes históricos tienen una versión alternativa o que con el paso de los años y su vida tan macabra y oscura, se convirtieron en personajes de literatura de ficción vampírica, dándole al mito una nueva forma y un mejor fondo, trayendo al vampiro al nivel de los humanos, poniendo al alcance de la mano de un pobre mortal, la ansiada eternidad.


Un ejemplo claro de esto que digo es el archiconocido Vlad Tepes, el personaje real en que se basó Bram Stoker para escribir Dracula, también está Erzebeth Bathory, mejor conocida como la condesa sangrienta.


La nueva literatura ha buscado quitarle esa aura maligna y atractiva que tienen los vampiros, una energía que, en primera instancia, es lo que los convierte en lo que son. El vampiro tiene un ansia incontrolable de alimentarse de sangre, es primitivo y voraz, lo que convierte su particular fijación en una víctima, en un deseo incontrolable. Dicho vampiro no ama a su presa, solo la desea más intensamente que a otras, la literatura nos demuestra que el vampiro que no destruye al objeto de sus pasiones, no lo hace por amor, sino simplemente, el antagonista, el archí enemigo cazador, se lo impide.

¿Qué representa este deseo incontenible de sangre? Representa el deseo sexual reprimido, en la antigüedad los vampiros tenían un solo colmillo (sí, nótese que escribí uno) era grueso y alargado y se encontraba debajo de la lengua, solían morder a sus víctimas en la cara interna del muslo. Es demasiado obvia la connotación fálica de dicho colmillo, que por cuestiones de evolución estética fue cambiando. También es notorio, que el influjo o hechizo que ejerce el vampiro sobre sus presas neutraliza la capacidad de razonamiento, incluso a pesar de que esta pueda estar enamorada; esto simboliza la incapacidad del ser humano de controlar sus deseos sexuales, y en perspectiva, es algo lógico si tomamos en cuenta el contexto histórico en el que se basaron las primeras leyendas, una sociedad “casta”, llena de prejuicios morales, en el que la mujer (particularmente) era considerada débil y presa fácil de sus deseos sexuales, por esa razón, la mayoría de la literatura de vampiros se enfoca en cómo la mujer cae rendida a los pies del vampiro o vampireza. Lo que también me recuerda que dichas relaciones de obsesión con una víctima no eran exclusivamente entre hombres vampiros y mujeres o viceversa; también existía entre hombres o mujeres, como en el caso de Carmilla, escrita por Sheridan Le Fanu, en el que se evidencia una relación lésbica entre la protagonista y la vampira.


Una de las características más interesantes de la literatura de vampiros, es que estos escaparon del género gótico y abrieron su propio campo. Ahora encontramos que los vampiros tienen su propio apartado dentro del mundo literario y se pueden mezclar muy homogéneamente con otros géneros sin crear disonancia entre ellos, como por ejemplo la ciencia ficción, en el que encontramos una notable lista de títulos, como el de Soy Leyenda de Richard Matheson, que posiblemente la gente conoce por su adaptación al cine.


Tomando en cuenta todo lo anterior, los lectores podrán comprender las razones por las cuales no soporto a los vampiros de las nuevas generaciones; han perdido todo su magnetismo malvado y tétrico, la nueva literatura ha despojado al vampiro de todo lo que lo convertía en eso, dejando simplemente un personaje de cliché. La literatura de vampiros no se esmeraba tanto en describir al vampiro seductor, sino se decantaba por mostrar los aspectos psicológicos de las víctimas, e inclusive, nos demostraba cómo la virtud lograba derrotar a la perversión y la maldad, pero dejando en evidencia de que estos deseos oscuros seguían allí, que no importaba si el vampiro moría al final de la historia, había otros afuera y los hombres siempre estarían en riesgo de caer a merced del vampiro. La nueva literatura de vampiros se ha olvidado por completo de los simbolismos y significados, despojando de toda gracia, a mis amados monstruos.

Espero que les haya gustado la entrada, y los invito a unirse a mi grupo de Facebook: Los Mundos Oscuros de Johana Caldern.