domingo, 19 de abril de 2015

Del oficio de escribir: ¿Quién otorga el título de escritor?

El día viernes diecisiete de abril de dos mil quince viajé a la capital de mi país al 1er Encuentro entre Escritores y Lectores, una iniciativa de una querida amiga que buscaba el casi utópico sueño de congregar a amantes de los libros por igual. Digo casi utópico porque ese día sí llegaron unas cuantas personas, tanto escritores como lectores, y también los que como yo, vamos dando nuestros primeros pasos.

Fue una experiencia enriquecedora sin igual, todos los congregados (de diversas latitudes de Venezuela) aportaron su experiencia en este mundillo, conocí excelentes personas que nos obsequiaron sus vivencias e ilustraron las diversas vías por las cuales una persona puede publicar; nos reímos, nos burlamos, revelamos nuestros sueños, nos quejamos de las editoriales, y paren ustedes de enumerar.

Parte de esta experiencia me llevó a preguntarme una serie de cosas, como por ejemplo el por qué de las ínfulas de algunas personas que se inflan como sapos porque han publicado una novela (o cincuenta, no hay diferencia), que se negaron a participar alegando una serie de excusas ridículas que solo expuso la calidad humana y la poca humildad detrás de ese "escritor", una cualidad indispensable en todo aquel que decide caminar en estos senderos, porque solo con humildad es que un escritor evoluciona.

Llegamos a la conclusión de que cualquier persona puede escribir, porque escribir es el acto simple de unir palabras, que una persona puede llevar un diario, redactar un blog, crear una novela; que el verdadero paso que te lleva a ostentar el título es publicar, y más allá que eso, que te lean.

Lo que nos llevó a concluir que uno no es escritor, que la meta final es ser autor.

Algunos pensarán, mientras leen estas líneas, que probablemente es lo mismo, que son sinónimos y lo único que estoy haciendo es tirármela de erudita y filosofa. Pero la verdad es que existe una diferencia, tal vez subjetiva por su significado etéreo, pero verídica y palpable, aunque se toque con las fibras creativas, porque en esa palabra radica todo: Crear. 

Cualquiera puede escribir, pero no todos pueden crear.


Muchos escritores se llenan la boca diciendo que lo son, pero mirando hacia atrás, muchos grandes escritores se sacudían, y se sacuden, el título cada vez que pueden, requiere de mucha responsabilidad andar pregonando a los cuatro vientos que eres escritor, porque el poder que conlleva este oficio es delicado; las personas que escriben son consideradas más que inteligentes, hay un aura mágica alrededor de ellos porque se supone que somos capaces de transmitir emociones vívidas a través de las letras, que poseemos una inteligencia diferente, una comprensión muy intuitiva del mundo que nos permite comunicarnos con desconocidos como si un hilo telepático conectara al lector y al autor; y es muy posible que todo eso sea cierto, por eso hay que ser muy tonto y osado para ostentar, así como así, un título como ese con tantas responsabilidades.

Yo no soy escritora, he publicado dos novelas, voy por la tercera, siempre he dicho que soy una pichona de escritora; en realidad creo que soy una ingenua que avanza en un camino que soñó transitar siempre, que se lanza, con más emoción que conciencia, con más coraje que prudencia, a la maravilla de parir historias que algún día consigan a sus lectores (porque para cada historia hay un lector) y entonces, solo entonces, estas personas que adoptarán mis historias, me otorguen el tan ansiado título de escritora.

Posiblemente esto sucederá después de que yo muera, como lo ha demostrado la historia en muchísimas ocasiones, o tal vez suceda en unos años, con algo de suerte; o puede que sea mañana ¿Quién sabe?

Por ahora esta pichona que está tras estas líneas les cuenta que fue una experiencia maravillosa, que todas las personas que conocí dejaron una enseñanza, que me emocioné mucho cuando se acercaron a preguntarme por mis redes, que me comentaron que han leído mis entradas; me encantó pensar que mi experiencia de ganar un premio le sirvió a los que quieren escribir a arriesgarse a concursar, pero que sobre todo pudimos, entre todos, desmitificar un poco lo que es ser un escritor.

Aquellos que no fueron por excusas de que sus agentes literarios les recomendaron que no fueran, no tienen idea de lo que se perdieron, sus complejos de divas los alejarán de las mejores experiencias de sus vidas y de sus carreras, convivir con escritores te enseña que el ego solo te asfixia y te convierte en idiota, que podrás ser best seller de un libro, pero de qué sirve si no tienes la capacidad de disfrutar el compartir con otras personas, que se suponen tienen esa capacidad especial de ver el mundo de una manera diferente.

Solo me queda despedirme, no me arrepiento si herí susceptibilidades, agradezco a la soñadora de Audrymar Rodriguez por echarle un camión de bolas, a Richard Sabogal por tener esperanzas y sueños y luchar por ellos, a Martha Molina porque a pesar de su éxito como autora independiente mantiene una humildad increíble, a Xiomary Urbáez por su carisma y su historia, y que como Martha, tiene una humildad maravillosa por más "respaldo" de una editorial importante, y miles de gracias a Micky, a Carlos, a Ricardo, a Minerva y Héctor, y a todos los que participaron y que no menciono, porque sentamos un precedente, y espero que el próximo año sea mucho mejor, pero si es igual a este tampoco me arrepentiría de ir, porque este fue fantástico.

Saludos a todos.