viernes, 1 de mayo de 2015

De géneros y herramientas: El mal de las redundancias.

Dentro de la construcción literaria existen diversos términos para definir las redundancias en las que caemos todos los escritores. Algunas veces dichas redundancias responden a un carácter completamente literario, es decir, que se usan a propósito para reforzar cierto aspecto poético o en su defecto características de los personajes.
Para poder evitar esto, el escritor debe conocer las figuras retoricas de las que hace uso inconsciente, están allí todo el tiempo, pero por el uso y costumbre no solemos notarla, más que nada porque muchas veces establecemos que escribir es simple prolongación del habla, y esto, no es así. Por eso no es igual que digamos a viva voz: ―¡Sal para afuera!― que verlo escrito en una novela.
Pleonasmo: es una figura retorica que consiste en adicionar palabras a la oración que no son realmente necesarias porque el significado está implícita o explícitamente en ella. Se considera un vicio del lenguaje cuando se emplea mal en la redacción.
El pleonasmo bien usado puede darle gracia y expresividad a la frase, evitando que esta suene incompleta; a nivel literario los pleonasmos se usan para hacer énfasis o darle “poesía” a lo escrito. Ejemplo:
“Yo mismo estuve presente en la pelea, vi con mis propios ojos como lo golpeaban”
En este caso, el pleonasmo le da el carácter enfático de la situación. Otros ejemplos útiles que ilustrarían un pleonasmo:
“A nosotros no nos corresponde decidir”
“¿Cómo estás tú?”
Tautología: a diferencia del pleonasmo, esta figura retorica es obvia y vacía, consiste en repetir la misma idea de manera diferente que finalmente será inútil y viciosa.
La tautología causa cierta confusión, porque al igual que el pleonasmo es una redundancia, pero mientras que con el anterior podemos conferirle cierta gracia a la narración, este solo “embasura” porque es innecesaria. Un ejemplo de esto es:
“Sube para arriba, que te están esperando”
Otro mal de las redundancias en la narración es la repetición de los pronombres, cuando en un mismo párrafo usamos “para él” “de él” “para ella” “de ella” “Yo” “Mi” “Me” “Tu” “Te”, esto se llamar redundancia pronominal y suele ser uno de los mayores males de los narradores, generando pesadez al evitar una lectura fluida.
“miró los ojos de él”
“besó la boca de ella”
El proceso narrativo suele suceder sin pausas, muchas veces escribimos sin leer, con el fin de sacar la idea completa y no perder la inspiración; pero en el proceso de corrección no tomamos en cuenta las redundancias al desconocer las figuras literarias de las que estamos abusando; espero que esta pequeña entrada les sea de ayuda a los escritores (noveles y no tan noveles) a pulir su manuscrito.


Saludos.